LO QUE NOS CONTARON…

“En la Luna vive un conejo” dijo Emilio en la ronda de saludo. Sus compañeros motivaron la explicación que se apuró a escupir: “Eso me lo contó mi abuelo” y a esas palabras le llovieron cataratas de otras palabras. Se sumaron las de los otros, que traían en sus corazones la misma historia. Una que viajó desde el pasado, para hacerse presente otra vez.
Estábamos en Otzen, comunidad indígena de la Huasteca Potosina, en México. Hablábamos de la Luna.
Emilio, y los amigos de Emilia, se explicaron con detalles. Resulta que había un señor pobre que fue a cosechar su frijol. Cuando llegó se encontró con un conejo que se lo estaba comiendo. El hombre fue a buscar su escopeta y al volver le apuntó al conejo. Pero el animalito le dijo “no me mates, porque va a llover mucho, todo se va a inundar” El hombre decidió creerle y construyó un barco para los dos. Empezó a llover, el agua subió, el barco también. Fue cuando apareció una Luna grande y redonda, hermosa. El conejo brinco a la Luna y quedó allí pegado. El hombre espero unos años a que el agua baje y volvió a la Tierra.
Con esta romántica historia trabajamos toda una semana. El último día, el día de la observación con toda la comunidad, los chicos quisieron compartir una obra de títeres de sombra a sus familias.
Esa noche fue mágica. Por todo. Porque había más personas que los habitantes del pueblo, porque observamos la Luna, Saturno y Jupiter, porque nos enseñaron muchas cosas sobre el cielo de su cosmovisión, porque todos estábamos contentos.

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