Y EN EL CAMPO LAS ESTRELLA, Y EN EL CAMPO LA GENTE LINDA.

Introducción:
Nuestro primer contacto por este país de la mitad del mundo fue la organización de campesinos, la “F.U.C.O.P.C.S”. Esta gente que sabe de juntarse, que sabe de lucha, nos orientó poniéndonos en contexto sobre las condiciones del sector. Entre mates, café y comidas nos preparamos para lo que vendría: compartir el encuentro con las comunidades campesinas del sur de Ecuador.

Desarrollo:
Llegamos a Ecuador con el Aguará poblado. En el camino, casi en la frontera, nos encontramos con nuestros amigos de Radio Mochila, una pareja que recorre radios comunitarias por toda Latinoamérica. Se llaman Pato y Paula, y con ellos coincidimos para trabajar juntos. Como buenos comunicadores se ocuparon del registro audiovisual y fotográfico del taller.
Por indicaciones de Emilio, referente del movimiento campesino del sur de Ecuador y coordinador de nuestra llegada a las escuelas de la zona,  salimos de la ciudad de Loja, de la casa que los campesinos tienen en el lugar, rumbo a la comunidad que nos esperaba, “Promestilla”.

Estuvimos por la ruta durante unas horas. Camino de subidas y bajadas, sierras, campo. Permanecimos atentos al desvío que prenunciaba el camino sinuoso de una hora que nos pegaría a la escuela para siempre. En los últimos kilómetros con Paula nos subimos a lo más alto del Aguará disfrutando mejor del paisaje y sus aires. Desde allí vimos nacer varios techos de tejas del horizonte, y un poco después sus paredes viejas de adobe, las que visten las casas. De una de esas construcciones, la diferente, la más nuevita, un grupito de personas nos saludaba a lo lejos, lejitos. Se los veía inquietantes, movedizos. Se agruparon enseguida acercándose a nuestro encuentro. Cuando el Aguará se los encontró ya estábamos rodeados, entendimos entonces que habíamos llegado a la escuela y que todos los chicos con sus familias nos abrazaban.

Nos compartimos sonrisas, buenas tardes, nos presentamos, nos mostraron el modesto edificio para encontrarnos luego todos sentados en ronda en el aula. Al momento de nuestra llegada las familias se disponían a empezar una reunión para decidir algunas cositas de la escuela, específicamente debían pensar y organizar cómo hacer arreglos en la casa de todos. Nos contaron que debían tapar agujeros con adobe y ladrillos. Aprovechamos el momento para contar en que andamos, nosotros y los chicos de proyecto radio mochila. La gente del lugar nos compartió sus nombres, al igual que los niños: 7 chicos, tres hombres y cuatro mujeres de entre 7 y 11 años. Todos integrantes de una gran familia que vivía desparramada por las diez casas del poblado.
Dejamos a los “grandes” resolver sus asuntos mientras con los chicos salimos a recorrer el lugar. Nos dimos cuenta enseguida que se conocían muy bien entre ellos y que la escuela era parte de esa extensión de sus casas. Caminaban adelante nuestro dándose vuelta a cada ratito para señalarnos algo o medir cómo estábamos. Nos llevaron a la huerta, nos señalaron cada plantación. Identificaron señalando lo que se veía desde la altura del patio de la escuela, me refiero a sus casas y límites del lugar.

Para trasladar Promestilla a los ojos de todos voy a tratar de describirla: es un poblado, de unas diez casas de adobe y techos de lajas, todas pertenecientes a la misma familia grande. Se agrega a las construcciones la escuela. Si nos subimos a un árbol bien alto podemos ver las casas desparramadas entre lomas, árboles. Cada una de las familias tiene sus animales, algún pedacito de huerta y un fogón en la cocina que siempre anda humeando.

Para llegar a la escuela cada mañana los chicos hacen un recorrido por caminitos ya marcados de años. Se juntan los hermanos y se encuentran en el andar con los primos y tíos para transformarse en manada sonriente que llega a la casa que comparten, la que es de todos.
Como la conversación de los adultos continuaba fuimos a compartirles nuestra casa a los niños. Enseguida armamos una mesa al lado del aguará y sacamos la biblioteca que se vió al ratito desparramada entre las manos pequeñas. Todos sentados, atentos a lo que estaban mirando, se compartían sus lecturas y todo lo que los asombraba.
Lueguito, y ya para cerrar el momento, Yayo les narró el cuento “Hay una noche” que escucharon con oídos atentos. Mientras Jorgito (uno de los más pequeños) tomaba el rol de fotógrafo y filmador a mi lado.

Con el sol más calmo apareció la pelota y el partido de hombres contra mujeres. Tuvimos que conciliar un empate, 4 a 4, cuando los grandes nos llamaron. Parece que en la reunión hablaron también de nosotros y nuestra estadía por ahí. Nos sentamos todos en la galería de la escuela para escuchar la propuesta de María, esposa de otro gran referente del movimiento de campesinos y madre de Jorgito y Paola. Ella fue la portavoz que nos invitó a ir con ellos al día siguiente abajo, donde trabajan la tierra. La intención era que conociéramos el lugar pero sobre todo que no nos aburramos. Con gusto dijimos que sí riéndonos porque la salida debía ser a las 6 de la mañana.
Entonces ocurrió algo que dejó en claro el lugar que ocupan los chicos en esa comunidad: frente a este arreglo que hacíamos los grandes ellos intervinieron diciendo “¿y nosotros?”
A la vez que todo esto sucedía en una torta se dieron también invalorables conversaciones con los padres de la comunidad. Así nos enteramos de la aparición de la escuela. La encargada de esta historia fue María, quien nos compartió la situación desencadenante. Anteriormente, sus hijos mayores, concurrían caminando (dos horas) a la escuela del pueblo más cercano “Las Cochas”. Frente a esta dificultad y al reunir una cantidad importantes de posibles alumnos (unos diez niños) los padres se acercaron al municipio y pidieron ayuda. Así consiguieron algunos materiales y una maestra a la que fueron a buscar, fue suficiente, al rato nomás tenían una escuela primaria.
Para que los chicos puedan continuar sus estudios deben emigrar al pueblo, lo que obliga a las familias a trasladarse enteras muchas veces en post de que sigan estudiando. Otra posibilidad es estudiar a distancia, los chicos van sólo los sábados al pueblo a estudiar y durante la semana realizan tareas de estudio en la casa.

El riesgo de esta falta de desarrollo interno, es que las familias elijan vivir en la ciudad por varios motivos: trabajos menos forzosos, mayores posibilidades de consumo, el estudio universitario, entre otras cosas. Al emigrar las familia ya no quedan niños para la escuela. En Promestilla saben que la camada actual es la última para su escuelita. Esta escuela está atravesada por una problemática que aunque se repite en la historia de los pueblos campesinos no deja de ser singular: la amenaza de dejar de ser, de extinción. Frente a esto los campesinos organizados están peleando por la construcción de una universidad autónoma para sus hijos, buscando en el campo una posibilidad de vivir.
Ya con el día a oscuras nos despedimos, sabiendo que tempranos partíamos con el Aguará al lugar de trabajo de los grandes y que luego del almuerzo nos esperaban los chicos y la maestra para comenzar el trabajo que nos convocaba.
Voy a dejar fuera de esta crónica lo que vivenciamos en el campo junto a las familias ya que quedó registrado en los escritos de Yayo, voy a continuar redactando la parte del taller que es lo que convoca a esta parte del proyecto.

Registro del taller. (Redacción de las actividades compartidas para quienes les sirva conocer las posibilidades experimentales de la astronomía y lo que los chicos dicen)

El primer encuentro.
 Ronda en la sala.
Enseguida armamos entre todos una mesa de encuentro juntando las pequeñas que usan cotidianamente. Todos los chicos y nosotros nos sentamos alrededor, la maestra se quedó en el salón ordenando los materiales que habían usado, Paula Y Pato se prepararon para ocuparse del registro. Nos volvimos a presentar y otra vez les pedimos que nos compartieran sus nombres: Paola, Jorge, Daniela, Cecibel, Samuel, Liliana, Oscar. (Una aclaración, con el correr de los días nos dimos cuenta que los nombres con los que se presentaron el primer día no eran los que usaban entre ellos, ni con los que la maestra los nombraba. Cada uno tiene dos nombres, oficialmente se presentan con unos pero familiarmente se nombran con otro). Echa otra vez la presentación, les preguntamos si nos daban permiso para filmarlos.
La conversación de presentación se centro a hacer explícito el encuadre. Reconocimos el espacio que comparten, lo identificamos, les explicamos a qué veníamos, de donde, cual iba a ser la tarea que íbamos a compartir en los próximos días, que era la astronomía. Después por fin nos pusimos a trabajar con la primera actividad.
Toma de fotos: un poco de cielo y un poco de tierra.
La consigna fue: “vamos a salir a mirar un poco donde ustedes viven. Por turnos cada uno podrá sacar una o dos fotos del lugar que les guste pero con la condición de que se vea un poco la tierra y un poco el cielo”

Se tomaron muy en serio el trabajo. Salimos todos juntos del salón. Acompañando de atrás y en silencio a quien tenía la cámara. Cada uno se tomó su tiempo para hacer la fotografía, los compañeros mostraron ser muy pacientes, respetuosos al darle a cada uno su espacio.
Jorgito sorprendió con la búsqueda del plano a acorde a sus expectativas. Se movió con la cámara en mano por varios lugares, haciendo diferentes enfoques hasta que estuvo seguro. Al compartir luego las imágenes descubrimos el interés que todos habían puesto en las tomas.
 Observación de las fotos.
Volvimos al salón, a la mesa redonda. Pusimos la computadora a la vista de todos. Cada uno reconoció su toma y compartió sus razones: Pao contó que le sacó a las nubes porque le gusta el cielo, el color azul y porque la nube tenía forma de flecha. Jorgito le sacó al frente de la escuela alegando su gusto por la bandera.

Observamos el cielo. Lo que allí vemos: las nubes, los colores, la luz.
Esta vez la ronda la hicimos afuera, para poder observar a la vez que hablábamos.
Los tímidos comentarios se refirieron a las nubes, al cielo, al sol como un ser muerto, redondo, que nos ayuda a crecer, con rayos, masculino, solitario, amarillo Les preguntamos por qué la importancia de este astro para nuestra vida, a lo que contestaron porque nos da energía. Y, ¿De qué manera?
Conociendo al sol: prismas y disco de Newton.
Cada uno enunció su idea sobre la luz que el sol emite diciendo de qué color es. Terminada la ronda de exposiciones presentamos el prisma. Lo exploramos describiéndolo para luego interponerlo entre la luz del sol y el papel blanco del piso. Y… ¿qué pasó? Apareció el arco iris! Reconocimos los colores y pensamos… ¿De donde salen esos colores? –ni el prisma ni la hoja los traían. ¿Cómo puede ser? Por el Sol! Reconocimos los factores que provocan la aparición del arco iris en el cielo. Eso nos ayudó para que Yayo explicará la razón de los colores en el papel.

Para dar vuelta la tortilla trajimos a la ronda el disco de Newton. Entonces la pregunta para anticipar resultados fue: ¿qué va a pasa cuando Samuel lo gire rápido? “Va a dar vueltas”, dijo Jorgito.
Al girarlo pareció que los colores habían desaparecido y más de unos quedó con la boca abierto tratando de encontrarlos. Después de hacer la prueba varias veces encontramos una respuesta: los colores están pero al mezclarlos rápido aparecen como uno sólo: “el blanco”. Fue simple entonces entender la razón por la cual la luz del Sol es en apariencia blanca.

Las sombras.(Donde el sol no llega)
En la ronda se prolongó la charla sobre el Sol. Paola nos compartió algo muy importante. “Cómo siempre es igual ellos saben que hora es sin necesidad de un reloj” y así lo demostraron. Buscamos al Sol en su posición actual; lo identificamos. Señalamos, Yayo y Sofía, distintos puntos en el cielo desordenados para saber si alguna vez lo habían visto pasar por ahí. Las respuestas fueron claras: no, porque siempre sale por allá, se mueve por allá y se va por allá. Eso nos respondieron identificando diferentes puntos en el espacio cotidiano. Para rematarla Jorgito dijo que se veía en desiguales puntos porque nosotros nos movíamos.
Para comprobar esto que decían, les propusimos buscar una sombra (usamos el palo del arco de futbol) y medir que tan larga era y para que lado se veía a esa hora. Oscar se propuso para que su cuerpo sea la unidad de medida, se acostó en el suelo repitiendo su cuerpo las veces necesarias. Ubicamos una piedra al final de la sombra marcando su orientación y el largo. Acordamos volver al otro día más temprano para ver si algo había cambiado.
Jugamos: a la popa sombra, a la carrera de sombras.
Para darnos un recreo de tanta charla jugamos: la popa sombra consistió en que uno tiene la popa y para pasarla tiene que pisarle la sombra a un compañero y este hacer lo mismo con otra sombra.
La carrera de sombras fue más competitiva: armamos dos trenes, uno de chicas y uno de chicos. A la orden cada tren debía tratar de llegar rapidamente del otro lado utlizando sus sombras para extenderse.
Ambos juegos provocaron entusiasmo y risas!!
 Trabajo de arte: con témperas: dibujamos y pintamos el paisaje.
Entre el viento que comenzaba a hacerse presente armamos la mesa y pusimos los materiales a disposición. Para esta actividad se hizo presente la maestra acompañando a los chicos en el uso de los elementos.

Telescopio.
Como cierre del día armamos el telescopio, le colocamos el filtro y observamos al gran astro.

El segundo encuentro.
Otra vez en ronda nos saludamos para encontrarnos. Allí recordamos tooodo lo compartido el día anterior y la tarea de medición.
Salimos al patio, al lugar indicado y medimos. Encontramos la sombra más corta pero con la misma orientación. ¿Qué pasó?, preguntamos. “Va a llover”, “El Sol se está yendo”. Reunimos toda la información que teníamos, lo que íbamos observando. Pensamos en la ubicación del Sol en distintos momentos del día, observamos las sobras otra vez. Pudimos concluir entonces que el cambio se debía a la posición del Sol.
Para entender mejor esto fuimos a la sala y armamos la maqueta Sol-Tierra.
Maqueta con los movimientos de la tierra respecto al Sol.
Sentados alrededor de la mesa redonda hicimos un espacio para introducir en el medio la maqueta. Entre todos reconocimos a los dos elementos. Movimos la tierra para comprobar lo que ya venían diciendo, “la tierra da vueltas alrededor del Sol”. Luego Marcamos la ubicación del país, de el Ecuador y nos detuvimos a pensar como era iluminado en diferentes momentos del día y del año por el gran astro.
Rectinilidad: conociendo mejor la luz y experimentando para divertirnos.
Hablamos en ronda: ¿Por qué la sombra es una y derechita? Nos entretuvimos un rato con esta pregunta tan difícil, pero como sabíamos que era Sol para iniciar un pensamiento dejamos la respuesta para construirla entre todos después y pasamos a experimentar.
Presentamos a la caja negra, el dispositivo sencillo que parece mágico. Nos organizamos ubicándose Yayo en la puerta del salón por donde entra la luz y los demás en fila se fueron turnando para ver a Yayo. El primero fue Jorgito que con toda su inocencia nos miró y dijo “se ve al revés” Rápidamente, entonces, todos quisieron ver. Entre risas y confusiones cada uno rectificó las palabras de Jorge. Cuando terminaron todos, incluida la maestra, nos sentamos a pensar esto.
Utilizamos el pizarrón para que Yayo dibuje la caja, marcando el interior donde está todo oscuro y hay una papel blanco donde se proyecta. Buscamos por donde entra la luz en la caja, un pequeño agujerito en una de las puntas y pensamos como entraba la imagen allí.
No es una explicación fácil de entender pero tratamos de hacerla reconociendo la rectinilidad de la luz, para esto usamos como ejemplo los rayos del sol que a veces se ven, la proyección de la sombra. Fue lo que encontramos para mostrar como la imagen entró derechita a la caja, lo que venía de arriba se ubicó entonces abajo y viceversa. Esto fue loq eu hizo que veamos la imagen al revés. Para dar un cierre explicamos brevemente el trabajo que hacen nuestros ojos para que no veamos todo al revés!
Siguiendo el tema repartimos láser (como si fueran los rayos del Sol) y espejos para “doblar” la luz. Entonces jugamos haciendo dos equipos a hacer llegar la luz del láser a un punto pasando antes por todos los espejos. El trabajo exigió mucha concentración, así que el gol fue festejado con todo.
La noche: “las estrellas y la luna”
Nos fuimos todos a meter en la cocina de la escuela. Pieza de adobe, con el fogón siempre encendido. Elegimos este lugar por ser el más oscuro de la pequeña escuela. Allí nos orientamos a pensarnos en la noche. ¿Qué encontrábamos? Fue la pregunta.
La luna.
Y esa luna, tan linda, ¿es siempre igual? No! Primera y rápida respuesta del grupo.
Lo primero que aprendimos, por palabras de la maestra, fue que “cuando la luna está nueva es tiempo de cosechar el maíz, porque sino en luna tiernita se llena de polillas”. Los chicos identificaron las diferencias en la luna porque cuando está llena ellos pueden caminar por el campo y ven. Pero nadie se animó a exponer su hipótesis de por qué cambiaba la luz. Entonces experimentamos…

Nos ubicamos todos en el medio, en la tierra. La seño tomó el foco como si fuese el sol y se ubicó en una punta. Luego Oscar tomó la luna y la levantó para que la podamos ver desde la tierra. Lo primero que identificamos fue porqué podíamos verla. La respuesta rápida fue por la luz del Sol. ¿Y cómo la vemos? Llenita! Entonces la hicimos pasear alrededor de la tierra, con el Sol siempre en el mismo lugar. En cada cuarto de vuelta la luna se iluminaba diferente, fuimos nombrando cada una de esas fases. Con los nombres que ellos conocían: luna llena, tiernita, luna vieja y también vieja cuando esta decreciente.
Para esta experiencia nos acompañaba un hombre, el tío de los niños que trabaja en el campo. Él nos enseñó que la luna tiene su implicancia en la tierra para quienes la cultivan. Que, por ejemplo, cuando esta decreciente, se usa para la siembra de arbustos como el guineo y la caña o el maíz. Que cuando está menguante la utilizan poco, porque es mala.
Estrellas y constelaciones: los dibujos del cielo.
En la misma sala oscura proyectamos el miniplanetario sobre la pared. Aparecieron entonces varias constelaciones: el Orión, el perro mayor, el toro (con las Pléyades). Claro que no las nombramos, al principio miramos todos juntos a ver qué encontrábamos.
Los chicos nombraron: “un cazador”, “una estatua”, “una pinza para atar alambre”, “un conejo”, “un caballo”.
La historia del Orión y el escorpión. Lo que los pueblos dicen.
Sobre ese pedacito de cielo les contamos la historia del mítico griego “Orión” de cómo llegó este a ocupar tanto lugar en la bóveda celeste y estar acompañado de los personajes que ahí se vislumbran. Al finalizar entre todos los identificamos nombrándolos. Les explicamos que esta era una leyenda del pueblo griego pero que también sobre ese grupo de estrellas (las de Orión) otros pueblos vieron otras cosas que para ellos eran muy importantes, como el poncho para los aymara o la chalana para los incas.
Nuestras constelaciones. Inventamos grupalmente nuestro cielo.

Volvimos a la sala para hacer el cierre del día. Nos agrupamos todos frente a una ventana por donde entraba la luz del Sol. Allí pegamos una cartulina negra grande llena de agujeritos que simulaban las estrellas. Los invitamos entonces a imaginar dibujos en ese cielo para inventar así nuestras propias constelaciones, significar ese cielo.
Fueron pasando de a uno, el que se animaba espontáneamente, el que encontraba algo pasaba nomás.
El primero fue Jorgito, por supuesto, después Paola, a su dibujo lo continuó Elias, y así pasaron todos. Cuando terminaron habían pegado al cielo: una gallina, un círculo, un carro, un cartel, plátano, triángulo, mesa, la casa.

Esa fue la última actividad compartida. Para el día siguiente teníamos pensado otras cosas pero la intoxicación fuerte de Yayo y Pato nos obligó a improvisar un taller de construcción de “Isótopos”.
Ya al otro día, con el grupo recuperado, nos dedicamos a visitar a las familias en sus casas. En cada una nos invitaron a compartir alguito de comer entre charla y charla.
A la noche compartimos películas, fotos, dibujitos, telescopio, pochocho y maní, mucho maní!!! Con la alegre presencia de las mujeres de la comunidad.

Fue un encuentro profundo, de muchas miradas y mucha oreja. Nos sirvió a todos, para ser otros, unos más nuevitos y mejores en el resto del camino.

 

 

Una respuesta para Y EN EL CAMPO LAS ESTRELLA, Y EN EL CAMPO LA GENTE LINDA.

  1. José Mario Arias dijo:

    Quiero decirles que yo tambien forme parte de esta linda Promestilla,soy primo de la mayoria de padres de los niños con quienes Uds.trabajaron y la verdad es que me alegra mucho saber que ellos tienen nuevas oportunidades de aprender y eso siempre sera bueno.Gracias por tomar en cuenta a este lugar y espero que Uds. tambien hayan aprendido algo y lo lleven siempre en sus corazones.

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